
4 de Junio de 2006
No, no, no. Hoy todo pasó tan rápido que es como si lo estubiera viviendo una y otra vez. Así fue como pasó todo: Aquí estoy yo, en mi cuarto viendo que traje de baño ponerme, no soy de esas chicas que aprovechan cualquier oportunidad para ponerse la falta más corta del mundo con la blusa mas embarrada de todas, que aveces ni ropa interior traen, eso me parece de lo más repulsivo, una chica bien debe darse a respetar. Bueno, el punto esque cuando decidí porfín ponerme uno completo, con un lindo pareo en la mano, pueso que me puse un short de mezclilla para salir del hotel, digo que oso salir en traje así nomás caminando muy campante como si nada. Me termino de arreglar en la alberca.
Bien ya estoy aquí, casi no hay nadie, imagino que todos aprovechan la oportunidad y se largan de una vez a la playa, si no esque allá se durmieron con sus fiestas típicas de adolescentes, no la verdad yo no soy así.
Un asiento vacío, bueno casi todos están vacíos, de esos en los que te acuestas libremente en las albercas, típico.
Nadie me está viendo, ya lo sé. Esque simplemente por el hecho de venirme yo sola, que por cierto mi hermano ni sus luces, me siento observada, vigilada, atormentada, aterrada. Da igual, de todas maneras, ¿Qué podría pasarme estando aquí?, ¿Que me raptaran? Sí como no, estando tanta gente aquí, si alguien se atreviera sería algo tonto. ¿Qué me violaran?, ¡Claro! Porque como pueden raptarme, tienen todas las oportunidades de violarme. Bah, eso sería de locos, en fín yo vine a disfrutar del sol.
–¿Está ocupado? –Escuché esa voz, una voz que perturbaba mi...¿Ciesta?. Tenía la cara tapada con una pequeña toalla mientras me acongojaba bajo los rayos del sol.
–Oh, no. Adelante– Le respondí de manera amable.
Esa chica con dos diminutas prendas de baño puestas sobre ella, si cualquiera la viera pensaría que es una súper modelo en sus vacaciones de trabajo, pero no; era una simple chica que se sacó la lotería genética.
–Gracias– Terminó por replicar ella mientras acoodaba sus cosas entre su lugar y el mio, poniéndose cómoda. –¡Dylan, corazón! –Le hacía señas con la mano como diciendo “¡Yu-ju, por aquí!” y captó mi atención cuando dijo “Dylan, corazón!”.
–¿Y tú que demonios haces aquí, cúbrete! –Sí, como me lo temía, se refería a MI hermano Dylan, ¿Qué acaso ya había dejado a esa tal Emma?.
–¿Se conocen? –Preguntó la chica con tono de desentendida.
–Por desgracia–Pausó. –Es mi hermana menor.
–Ja-ja, eres tan gracioso–Le respondí en forma sarcástica.
–¿Qué esperas, ve y cambiate de ropa– El era sobreprotector, pero nunca había exagerado tanto.
–Oh, claro porque en una alberca lo que más se antoja es traer veinte abrigos con pantalón de mezclilla, ¿No? – Lo reté mientras se acostaba a dos lugares del mío, justo a lado de la chica morena.
–No empiezes y obedece–Me caga que sea así.
–Eres insoportable–Terminé por levantarme de ahí, la chica sólo se quedaba viendo insinuando que las hermanas menores son despreciables.
Halé mis cosas en la mano y salí casi corriendo de ahí del coraje, “Al menos puedo ir a almorzar o comer algo tranquilamente” pensé.
Caminaba a un lado del agua intentando calmar mi desagrado contra mi hermano, aveces simplemente era detestable, de la nada escuché cuando alguien gritaba.
–¡Cuidado! –Volteé y en un abrir y cerrar de ojos un tipo venía hacia mí en una patineta. ¿Desde cuándo las albercas de hoteles son lugares para que un chico ande como un skater profesional?.
Lo siguiente que recuerdo es un golpe algo duro sobe mi espalda, y yo tragando como un millón setecientos ochenta y nueve mil litros de agua clorada que pasaban por mi garganta raspando toda mi faringe, si así es, ese chico me aventó directito hacia el agua de la alberca.
Me desesperé, me moví como salamanqueza cuando la agarran los niños, intenté jalar aire pero lo único que atraía hacia mí era agua y más agua. De la nada sentí unos brazos alrededor mío, pero para mi desgracia todo se turnó negro, los parpados me pesaban no sentí nada más. Lo siguiente que pasó fue que comenzé a toser y de mi boca emanaban todos esos millones de litros de agua que me había tragado, me asusté tanto que pensé que había dejado sin agua la alberca por haber tomado tanto de ella.
–¿Cómo te sientes? –No sabía qué demonios hacía Dylan ahí. Yo solo podía toser y toser sacando toda esa agua. Supongo que mi hermano se había ventado al agua para sacarme, y ahora estaba recostada en el mismo lugar del que recien me había levantado con su brazo por detrás de mi cuello, estaba asustado y la chica morena, bueno ella seguía ahí y sin habla, junto con toda esa gente alrededor mío, Dios son tan metiches.
–¿Qué...qué...pasó? –Pude decir después de toser unas cuantas veces más.
–Tranquila, ¿Cómo te sientes? –Volvió a decir Dylan mientras intentaba levantarme.
–Estoy bien– Le respondí en tono de fastidio. –Tengo hambre, y si su majestad me suelta, tal vez pueda ir a comer algo– Él estaba agarrandome fuertemente del brazo.
–Eres una terca– Terminó por soltarme. –Podrías decir algo como “Oye, muchas gracias por salvarme la vida” – Agh, él y su tono sarcástico.
–Oh, entonces... ¡Gracias por hacerme enojar en primer lugar! –Le respondí con su tono igual de sarcástico.
–¿Sabes qué?, Lárgate a comer algo, no quiero verte por estos lugares otra vez.
–¿Y sabes qué?, No quiero volver a esuchar una sola orden de tu parte, hermanito– Me defendí. No tenía de que preocuparme, puesto que lo más seguro es que se quedara besuqueandose con esa chica.
Aunque la verdad si estaba bien agradecida con mi hermano de que se halla mojado todo para sacarme de ahí, me daba coraje que siempre quiere ser mejor que yo ante los demás, y estando solos, es el mejor.
Me bañé, me vestí y me arreglé para deperdido ir a comer algo de fruta,o algo ligero, la comida pesada y yo no combinamos, la última vez que fuí a un buffet con mi familia, termine con náuseas, toda entripada, inflamada y desesperada por el dolor de estómago.
Al llegar al comedor, ví una sola mesa vacía, mesa para dos. Suertuda, me recaga que las personas van de a dos a comer y se sientan en esas cuatro mesas pegadas como para un ejército y claro, solo llenan dos lugares.
–¿Qué le puedo servir? –Me preguntó amablemente el mesero
–¿Tienen fruta o ensaladas, jugo de naranja, ya sabe, algo ligero?.
–Usted misma puede servirse, es como un buffet– Oh no, esa palabra no. –Por allá están los platos, puede servirse toda la fruta que desee.
–Gracias– Le sonreí tras apuntarme dónde se encontraba todo eso y me dirigí rauda y veloz hacia allá.
–Oh, lo siento–Dijo una voz, después de chocar con mi hombro cuando me servía el primer trozo de sandía.
–No te preocupes yo no te ví y... –Que familiar se me hacía ese chico. –Disculpa pero, ¿Te conozco? – Pregunté algo distraída.
El chico apenas y alcanzó a abrir la boca para responder cuando una de las meseras del lugar lo interrumpió.
–Lo siento pero, no puede entrar con su patineta– ¿Patineta?, ¡Claro! Con que él fue el que me embistió contra el agua.
–Oh, sí perdón. En un momento la dejo afuera– Le contestó y regresó la mirada conmigo.
–Ni lo menciones, ya sé quien eres– Le dije con una sonrisa fingida en mi boca, el plato con ese trocito de sandía en él, y mi otra mano ocupada estando en mi cintura con el puño cerrado.
–¿Quién soy? – Dijo despreocupado.
–Déjame te refresco la memoria. “¡Cuidado!, ¡Ahhh!” –Imité toda la escenita sucedida.
–¡Oh por Dios!, Eres tú–Eso sonó más como una afirmación que una pregunta.
–Claro que soy yo, y por cierto gracias por disculparte– Estaba sarcástica.
–Lo siento mucho es sólo que, me perseguían.
–¿Te perseguían? – Repetí, con cara de “What?”
–Historia larga y... ¿Vienes sola? –Almenos era buena onda.
–Por desgracia–Sonrió. –Bueno, vine con mi hermano pero ignora eso, de todas maneras nunca nos vemos ni estamos juntos así que es como si viniera sola.
–Pues podríamos comer juntos, ya que los dos estamos solos por estos rumbos, ¿Qué te parece? –Acaso el, ¿El me estaba coqueteando?, Imposible.
–Seguro, pero tienes que dejar tu patineta afuera antes de que nos echen a los dos.
Acto seguido terminé de servirme toda la fruta que se me antojaba, él fue a dejar su patineta afuera, a servirse comida, y se fué a sentar en frente de mí.
–Y...¿Quieres hablar? –Me preguntó el después de varios segundos de estar callados comiendo.
–Claro, ¿Cómo de qué o qué?.
–Ya sabes, lo básico, tu nombre, de donde eres...cosas así.
–¿Eres policía? –Reímos.
–Tal vez– Bufó. –Y si así lo fuera no me has respondido– Me retó.
–Ok, señor policía. –Le seguí el juego. –Mi nombre es Rachel Younth, y soy de Denver Colorado, te toca.
–¿Qué me toca? –Se sordeó, JA!
–Oh vámos, te toca decirme tu nombre y de dónde eres, tramposo–Entrecerré mis ojos con puchero al decir la última palabra.
–Bien, me llamo Joseph Smith, y soy de New Yersey, pero llevo viviendo aquí desde hace cinco años, y me hospedo aquí porque...!Hey! no me hagas salirme del tema–¿Acaso ocultaba algo?
–¿Smith, huh? ¿Conoces a Will? – Me burlé.
–Que graciosa– Siguió.
–Ya, hombre. Terminemos de comer.
¿Por qué de la nada me parecía este chico de lo más atractivo?, Ahí estaba el, con sus tantos lunares en la cara, esa dentadura escondida tras esa perfecta sonrisa, su cabello oscuro y corto, y ni hablar de esa barbita queriendo apenas crecer. Él era tan... hermoso.
–¿Qupe tanto me vez? –Oh,oh. ¿Se habrá dado cuenta de que lo observaba casi con la baba de fuera?.
–¿Yo?. Oh, no me dí cuenta, esta sandía está realmente rica– Le mentí. –¿Y tú que tanto me vez a mí?.
–Nada, simplemente...olvídalo.
–No, ahora me dices– Lo regañé.
–Es solo que... creo que eres bonita, ¿Qué edad tienes? –¡Osea cómo!, eso se sentía raro.
–Sabes Joseph, empiezo a creer que de verdad eres policía. –Bufé.
–No, no lo soy, de verdad solo soy yo. Y puedes decirme Joe.
–No lo sé, siento que al decirte así es como si tubieramos años de conocernos, y qué tenemos, ¿Unos quince minutos nada más? – Reímos mientras observaba mi rloj de mano.
Ese chico sí que es cautivador, encantador, galante aunque ande con sus jeans y camisa informales. El es muy guapo...y atrevido.
–No me haz respondido, otra vez evades las preguntas.
–¿Qué?, Oh si... –Dudé en responderle mi edad correcta, al principio pensé en decirle que yo tenia unos vintidós años para que no me creyera tan escuincla como mi familia y sobre todo mi hermano. –Tengo diesiciete años–Terminé por decirle la verdad.
–¿Tan pequeña y tan...? –Dios, ahí estaba eso otra vez, ¿Cómo que pequeña?, algún día me revelaría. –...tan grande a la vez.
–¿Cómo? – Me confundí.
–Sí digo, tienes la edad de una niña todavía, pero no lo pareces.
Al fín alguien que me caía bien, que me trata como merezco, que no solo piensa en que soy una bebé, una niñita y nada más.
–Hasta que alguien aquí me dice algo con sentido– Bufé
–Imagino por lo que pasas. Podríamos ir hoy a una fiesta juntos, ¿Te animas? –Sí ya lo dije, es atrevido.
–¿Qué acaso tu también vienes solo? – Eso sonó raro pero esque, se quedó a comer conmigo, no se ha ido a ningún lado y ¿Me invita a una fiesta?.
–La verdad sí, estoy aquí por... – Dudó– Cuestiones personales.
–Oh, por más que lo quisiera, la habitación de mi hermano está junto a la mía y te aseguro que ni al balcón me va a dejar salir.
–Fúgate– Lo dijo con tanta serenidad, tanta seriedad y en seco que me sorprendió.
–No sería mala idea.
Su opción me dejó pensando, de encontrar una fiesta no sería problema, vacaciones, playa, hoteles con salones lujosos, estan en todos lados y todas las noches, encontraríamos una fiesta por seguro, pero ¿Fugarme?, eso sería interesante y él... mi cómplice.
Al caer la noche, yo ya me estaba arreglando para salir de fiesta. Aunque la verdad no sabía que ponerme, nunca había salido a una de esas fiestas nocturnas en la playa, así que me puse otro de mis trajes de baño, con una blusa de tanque blanca encima, y una falda larga, algo veraneado.
Me sercioré de que Dylan estubiera en su habitación y así parecía ser. De pronto escuché como algo ligero golpeaba las puertas de vidrio del balcón de mi habitación...era Joseph, tan encantador como cuando lo ví por primera vez hacía unas horas.
–¿Lista?.
–¿Por dónde me bajo? – Le pregunté fisgoneando el balcón que por cierto estaba en el segundo piso.
–Tú salta, aquí estoy yo.
¿Estaba loco o que demonios le pasaba a este hombre?
–¡No! – Grité
–Shhhh, tu hermano te escuchará.
–¿Estás seguro?, ¿Y si te aplasto? –Se rió de mí, de forma segura.
–No pasa nada– Abrió y estiró los brazos a sus costados insinuando que yo saltara hacia el.
Al final de cuentas sí me aventé y con los ojos cerrados, y Joseph sin esfuerzo alguno me atrapó, sabrá Dios como le hizo pero lo logró sin rasguño alguno.
–¿Nos vamos? – Dijo él doblando su brazo a mi lado para que yo lo entrelazara con el mío.
–Nos vamos– Afirmé con un tono de nervios y aventura. Pasé mi brazo por el de él.
Ya era una completa rebelde, bien cualquier chica de mi edad ya se habría fugado unas cien veces, pero para mí era algo nuevo, me sentía como una fugitiva de la ley.
Llegamos a la fiesta, en plena playa a la luz de la luna, con música a todo lo que da. Con cientos y cientos de chicas en bikinis, y chicos en sus vermudas floreadas, todos musculosos y bailando sensualmente.
–¿Quieres algo de tomar? –Genial, atractivo, atrevido, fuerte, y además...¿Caballeroso?.–¿Alguna piña colada, una margarita...una cerveza? –Y ahora quería emborracharme, ¿Qué trama?.
–Sí, pero algo sin alcohol.
–Oops, eso será algo difícil, aquí no puedes tomar agua embotellada sinque antes alguien le eche cerveza.
Oh genial, ya empezaba a sentirme incómoda.
Mientras nos sentamos en una de las mesitas improvisadas para la fiesta, ví como un chico observaba misteriosamente a Joseph... ¿O me veía a mí?, no definitivamente observaba a Joseph.
–¿Te molesta si voy por otra bebida? – Me dijo Joseph al ver al fín a los ojos a ese chico misterioso.
–No, adelante– Le dije un tanto temerosa. La verdad no se a qué le tenía miedo.
Joseph se alejó de mí y me quedé viendo hacia todos lados, intentando entretenerme con algo puesto que Joseph ya se había tardado...está bien exagero no llevaba ni diez minutos, pero para ir por una bebida, era mucho tiempo.
–¿Qué hace una niña tan linda despierta a esta hora?.
A otro perro con ese hueso, ¿Acaso nadie entiende que ya no quiero ser una niña?
–¿Te conozco? –Le pregunté a ese chico guapo que me llamó “niña”
–No, pero podríamos–Aunque ese chico con cabello castaño claro, piel clara, mandíbula un tanto ancha, brazos musculosos, espalda amplia y sonrisa encantadora, se escuchaba como un pervertido violador de niñas, pero que bah, yo ya no soy una niña, no podría hacerme nada.
Así que intenté sonar como toda una profesional ante esos chicos que te quieren invitar un trago y después te llevan a la cama para... para hacer cosas asquerosas.
–Podríamos, pero no lo vamos a hacer.
–Lo haremos, aunque no quieras– Me tomó del brazo haciéndome levantarme de la “silla” .
–¿Quién te crees que eres para tratarme así? –La verdad sí me asusté, el tipo parecía estar ebrio, y eso junto con fuerte y alto no combinaban bien que digamos...era guapo pero aterrador.
–No me creo nadie, simplemente creo que tú y yo, encajamos a la perfección–Me lo dijo en un tono tan pervertido que me dió asco al instante tan solo pensar que...EW.
El tipo empezó a agarrar con más fuerza mi muñeca tanto que me lastimaba mucho. Comenzó a jalonearme y como siempre, la niñita que nunca había vivido algo así tenia ganas de llorar, ¿Algún día dejaré de ser tan inmadura, miedosa y llorona?.
–¡James suéltala en este instante! – Escuché que alguien me defendía, ahora me sentía como en un cuento de hadas.
–Oh, porfavor Joseph, ¿Crees poder contra mí?, Ya te he vencido en el pasado, no me sería difícil hacerlo de nuevo– Porfín me soltó para reñir con...Joseph, él me salvó.
–Cláro que puedo, eso fue hace dos años y no soy el mismo de antes– Lo desafió Joseph.
En un santiamén el tal “James” se volvió hacia mi y de nuevo, me apretujó contra el.
–¡Suéltame, imbécil! –¡Yay!, me sentía toda una rebelde hablando de esa manera.
–Oh, preciosa cláro que te soltaré, pero en mi habitación–Cada que me dirigía la palabra me sentía con más nauseas.
–¡Te dije que la soltaras! –Y así fue como Joseph le partió la cara a ese tipo, bueno como siempre yo y mis exageraciones, solo le dió un puñetazo en la cara, pero solo le hizo un rasguño. Lo bueno; me soltó y se inclinó hacia el sentido contrario. Lo malo; amenazó a Joseph con hacerme daño si no se aleja de...”Tú sabes” esas fueron sus palabras, “Si no te alejas de...tu sabes, le haré daño a tu chica, tú decides” y se largó, afortunadamente se largó.
–¿Estás bien? –Me tomó por ambos brazos visualizandome, como escaneándome de pies a cabeza.
–Sí– Apenas y pude emitir sonido, estaba asustada, confundida, atemorizada, extrañada, todo al mismo tiempo.
–¿Estás segura? –Notaba como me frotaba la muñeca con gestos de “fuchi”.
–Sí yo estoy...Joseph, ¿Estás metido en algo malo? – Le pregunté con curiosidad, mientras estabamos más alejados de la gente de la fiesta, a plena luz de la luna. Sería romántico de no ser porque no era mi novio.
–Yo...no te preocupes, no tienes porqué estar asustada.
–No estoy asustada, me preocupa que... –Por un momento dije “Chin, ya la regué no debí decir eso, ahora lo tengo que concluir”. –Que te hagan daño.
–Esos tipos no tiene importancia alguna, ya te lo dije.
–Joseph, si no fuera algo importante, ese tipo no vendría a intentar hacerte daño por terceros, porfavor dímelo, ¿Es malo? –Insistí.
–No puedo decírtelo aquí, hay mucha gente.
–Entonces vamos a otro lugar más privado– Soné sarcástica y a la vez extraña, debo sacar de mi mente esos pensamientos morbosos. Aunque ultimamente todo se base en...sex...eso, yo no soy así no puedo estar cambiando, no puedo hacerme débil ante el tema, me aterra el pensar que con el tiempo lo único que querré al estar con una persona de mi sexo opuesto es...eso.
Fuimos a su habitación, no lejos de la mía, y justo del otro lado de la alberca, en el edificio frente al mío.
–Sé cautelosa, esos tipos me andan rondando y si se enteran que vine contigo hasta acá...en fín, entra–Dijo abriendo la puerta de su cuarto con su típica llave de tarjeta.
–Eres un problemático– Esbocé entrando en ella.
–Escucha, no puedo contarte todo, sólo te diré lo más importante puesto que ahora James dijo que podría hacerte daño– Que miedo, nos sentamos muuy pegaditos en su cama, hablando quedito para no ser escuchados si esque estabamos siento espíados por esos malosos, aunque la verdad yo solo conocía a James.
–¿Joseph, no estamos así como en peligro de muerte o algo parecido verdad? –Cuestioné.
–No, no te preocupes. Es solo que, bueno todo el problema fue, por amor.
Oh no, el no dijo esa palabra.
–James salía con una chica– Continuó Joseph su relato. –Cosa de la que yo no estaba enterado, y pues, tu sabes lo que pasó después, las cosas se pusieron un tanto calientes y ella y yo terminamos...¿Tú entiendes no?.
–Eso creo, ¿Tanta violencia por eso? Joseph las chicas van y vienen, eso es muy infantíl–Sí, inclusive para mí.
–¿Mencioné que esa chica, era su prometida?, Estaban por casarse, y bueno pues, creo que llegué yo y lo arruiné todo.
–Por Dios, Joseph si esa chica se te insinuó significaba que no valoraba a James como se merecía, creeme que pienso que hasta un favor le hiciste al desenmascarar a la tipeja esa.
–Es exactamente lo que yo pensé, pero el jamás entiende, se puso en mi contra, y ahora el y sus amiguitos no desaprovechan que yo esté con alguna mujer, siempre las hieren o les hacen algo, el rencoroso de James nunca puede perdonar.
–¿Joseph, ellos podrían hacerme daño? – Pregunté asustada.
–Oh, claro que no, te prometo que estaré aquí para protegerte–Aw, eso sonó super romantico.
–¿Pero, si el motivo de que quieran “hacerme daño” –Hice comillas imaginarias con los dedos–Es porque yo estoy contigo, ¿No será mejor que yo me aleje de ti?.
–Sí, pero ellos no aceptarán eso, si les digo que no tengo nada que ver contigo, pensarán que solo trato de cuidarte, y te irá peor, creeme no eres la primer chica a la que le doy mi protección, te conviene quedarte conmigo.
Estaba realmente asustada, ¿Todo por fugarme con un desconocido?, Estoy escarmentando las consecuencias de mis actos.
–Ahora véte a tu habitación, es cerca de la medianoche, no quiero que tu carroza se convierta en calabaza– Reímos.
Así fue, con la mayor cautela jamás antes puesta en acción, me dirigí a mi habitación, con el extremo cuidado de que Dylan no se entere de que me salí, aunque siendo sincera, lo último que creería es que Dylan estaba en su cuarto, de seguro estaba en otra fiesta, o en el cuarto de una mujer, repulsivo. Me sentí observada, lo típico, nada fuera de lo normal. Me puse mis pijamas y me instalé para dormir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario